"Táchira: El estado de los mil ríos que muere de sed por desidia institucional"

«Táchira: El estado de los mil ríos que muere de sed por desidia institucional»

El colapso del Acueducto Regional y la agonía de las nacientes

El estado Táchira es, geográficamente, un privilegio de la naturaleza. Sus montañas albergan cientos de afluentes que, en teoría, deberían garantizar el suministro de agua potable no solo a la entidad, sino incluso a regiones vecinas. Sin embargo, la realidad que viven miles de tachirenses es diametralmente opuesta: grifos secos por semanas, planes de racionamiento interminables y una infraestructura que grita por auxilio.

¿Cómo es posible que un estado con tanta agua sufra de una sed crónica? La respuesta no está en las nubes, sino en la tierra: una mezcla de desidia institucional, falta de inversión y un ecocidio silencioso en las nacientes de los ríos.

1. El Acueducto Regional del Táchira (ART): Un gigante en cuidados intensivos

El corazón del suministro hídrico del estado es el Acueducto Regional del Táchira. Diseñado para una población mucho menor y con décadas de operatividad, este sistema ha entrado en una fase de obsolescencia crítica. Expertos y trabajadores del sector coinciden en un diagnóstico alarmante: el acueducto suma más de 20 años sin un plan integral de mantenimiento preventivo y correctivo.

La falta de inversión ha transformado lo que debería ser un sistema eficiente en un «colador» de fugas y reparaciones improvisadas. Mientras el gobierno regional y nacional anuncian sustituciones puntuales de tuberías como «grandes obras», la estructura troncal sigue debilitándose, incapaz de soportar las presiones necesarias para llevar el líquido a las zonas más altas o distantes de la entidad.

2. El ecocidio en las nacientes: Tala y quema sin control

El problema no es solo cómo se distribuye el agua, sino que cada vez hay menos que distribuir. El caudal de los ríos que surten al ART ha disminuido drásticamente. Aunque las autoridades suelen culpar exclusivamente al «cambio climático», omiten un factor humano determinante: la falta de supervisión ambiental.

En las zonas protectoras y parques nacionales donde nacen nuestros ríos, la tala y quema indiscriminada avanza ante la mirada indiferente de los organismos de seguridad y el Ministerio de Ecosocialismo. La frontera agrícola y la extracción de madera para leña (consecuencia de la misma crisis del gas) están erosionando los suelos, secando las esponjas naturales que retienen el agua y provocando que, cuando llueve, los ríos se llenen de sedimentos que el acueducto no puede procesar.

3. Hidrosuroeste: Una gestión sin músculo

La hidrológica regional, Hidrosuroeste, se encuentra hoy en una encrucijada institucional. La falta de autonomía financiera y la fuga de talento humano —ingenieros y técnicos especializados que han migrado o abandonado sus puestos por salarios que no cubren sus necesidades básicas— han dejado a la empresa sin capacidad de respuesta.

Sin recursos para adquirir maquinaria pesada propia, químicos para la potabilización o vehículos para inspecciones de campo, la gestión se ha limitado a «apagar incendios» (o mejor dicho, reparar rupturas) en lugar de planificar el futuro hídrico del estado.

Conclusión: ¿Hay salida?

La crisis del agua en el Táchira no se solucionará con camiones cisterna ni con plegarias para que llueva. Se requiere una intervención estructural que incluya:

  • Inversión masiva: Capital nacional o internacional para modernizar las plantas de tratamiento y estaciones de bombeo.

  • Voluntad política: Una supervisión real y severa de las nacientes para detener la deforestación.

  • Dignificación del trabajador: Recuperar el recurso humano de Hidrosuroeste para que el conocimiento técnico vuelva a dirigir la hidrológica.

Táchira tiene el agua, pero le falta la gestión para que esa riqueza llegue al pueblo. Sin una acción inmediata, el estado de los ríos podría convertirse, irónicamente, en el estado de la sed.