
Obra de Miranda en La Carraca cumple 130 años
El famoso retrato creado por Arturo Michelena, “Miranda en La Carraca”, celebra 130 años; asimismo, este 14 de julio se conmemoran los 210 años de la muerte de Francisco de Miranda
La expresión facial y la intensa mirada de Francisco de Miranda en la obra «Miranda en La Carraca» (1896) nos conmueve, pues aquella prisión jamás lo contuvo; este cuadro que ha permanecido en el imaginario nacional, retratado por Arturo Michelena, asoma una idiosincrasia que fue capaz de concebir los ideales que nutrieron el inicio de la gesta independentista de América Latina.
Recordar esta icónica obra plástica, que este año alcanza los 130 años, es también propicio para conmemorar, este 14 de julio, el aniversario número 210 de la muerte de Miranda.
Esta pintura, por cierto, se exhibió al público el 18 de julio de 1896 en una velada realizada en el Teatro Municipal de Caracas. En esa misma actividad, los espectadores también contemplaron la obra «Pentesilea».
Sin embargo, es «Miranda en La Carraca» el cuadro que más cautiva a la crítica y a las personalidades, siendo incluso adquirido por el Gobierno de Joaquín Crespo. En el mismo acto, Michelena recibió una Medalla de Oro. Cabe destacar que en ese mismo año se celebró una exposición en el Palacio Federal en el marco de los 80 años del fallecimiento del primer venezolano universal, siendo esta pintura el centro de atención.
De esta manera, la obra de Michelena reafirmó en nuestra memoria histórica la presencia constante de Miranda: un hombre incomprendido cuyo legado intelectual dejó una huella imborrable, venciendo finalmente los infortunios que lo persiguieron tanto en vida como en la posteridad.
Caída
Miranda, veterano de las revoluciones de Estados Unidos y Francia, concibió el proyecto de la Colombeia como un viajero ilustrado para enfrentar a los imperios. Firmó el Acta de la Declaración de Independencia y ejerció el poder ejecutivo en la Primera República de Venezuela; sin embargo, el desequilibrio militar y el terremoto de 1812 debilitaron su estabilidad. Para evitar una masacre patriota, capituló ese año, pero oficiales lo acusaron injustamente de traición y lo apresaron. Entregado a los españoles, murió en el penal de la Carraca (Cádiz) el 14 de julio de 1816 tras sufrir un ataque cerebrovascular.