Bolívar: El fuego que no se apaga

Bolívar: El fuego que no se apaga

A 195 años de su siembra, el ideal del Libertador sigue siendo el norte de una nación que nació para ser libre.

Cada 17 de diciembre, el reloj de la historia se detiene a la 1:03 de la tarde. En ese instante, en 1830, la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta fue testigo del último suspiro de Simón Bolívar. Pero lo que pareció el final de un hombre, fue en realidad el inicio de un símbolo eterno para Venezuela y el mundo.

El arquitecto de la soberanía

Hablar de Bolívar no es solo recordar batallas y estrategias militares. Su verdadera importancia para la libertad de Venezuela radica en su visión política y humanista. Él no solo rompió las cadenas del imperio español, sino que sentó las bases institucionales de una república donde la justicia y la igualdad fueran los pilares.

  • Unión Americana: Su sueño de la Gran Colombia buscaba crear un bloque sólido frente a las potencias del mundo.

  • Abolición de la esclavitud: Fue pionero en entender que no hay libertad política si no hay libertad humana.

  • Educación y Moral: Entendía que «un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción».

Un legado vigente

Conmemorar su muerte no es un acto de nostalgia, sino un ejercicio de reflexión. La libertad que Bolívar nos heredó no es un destino final, sino un camino que cada generación debe cuidar y defender. Su sacrificio —muriendo lejos de casa y despojado de sus bienes— subraya que la patria siempre estuvo por encima de sus intereses personales.

Hoy, Venezuela recuerda al hombre que lo dio todo por el derecho de sus ciudadanos a decidir su propio destino. El Libertador no murió en 1830; vive en cada anhelo de democracia y en cada paso hacia la autodeterminación.

«Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro».Simón Bolívar, Última Proclama