
De Justo dicta cátedra y Olga Casado enamora en el cierre de la Feria del Sol
Por: Carlos Alexis Rivera CNP 10746
Fotos Jorge Cepeda
Bajo una tarde de brisa fresca y ese misticismo que solo la Plaza Monumental «Román Eduardo Sandia» de Mérida sabe conferir, bajó el telón de la Feria del Sol 2026. Fue un cierre de Carnaval con tintes de épica, donde la maestría del extremeño Emilio de Justo y la frescura imponente de la novillera Olga Casado se alzaron como los grandes nombres propios de una función que mantuvo a la afición en vilo.
La redención de un maestro: Emilio de Justo
No fue un camino de rosas para el de Torrejoncillo. Su primero, un ejemplar de Campolargo con tendencia a rajarse y de embestida descompuesta, lo obligó a un esfuerzo estéril que terminó en silencio tras un pinchazo. Pero el toreo, como la vida, da revanchas.
Con el segundo de su lote, De Justo firmó la faena de la feria. Ante un toro que pedía mando, el español desplegó un compendio de quietud y temple. Hubo verdad en cada natural y profundidad en los derechazos, logrando meter en el canasto a un animal que terminó entregado a su muleta. Tras una estocada recibiendo de efecto fulminante, el palco asomó los dos pañuelos blancos y se le concedió la vuelta al ruedo al astado en medio del delirio colectivo.
El ímpetu y la solvencia de Olga Casado
La joven espada española vivió un debut de «infarto». Su primer novillo sembró el pánico al saltar al callejón, un incidente que forzó su devolución por defectos visuales. Sin inmutarse, Casado recibió al sobrero de Rancho Grande con una madurez impropia de su escalafón. Al son del pasodoble de su apoderado, Miguel Abellán, ligó tandas de hasta siete muletazos de mano baja y trazo largo.
Pese a que el último de la tarde llegó muy mermado por el castigo en varas, Olga supo administrarle las fuerzas con inteligencia, robándole pases de mucho calado estético. Su balance final de dos orejas (una y una) la sitúa como una de las proyecciones más serias del panorama actual.
Antonio Suárez: Clasicismo frente a la adversidad
El tachirense Antonio Suárez no se dejó ganar la pelea. Aunque su primer oponente no le dio opciones, cortando el viaje y buscando los tobillos, Suárez se justificó con oficio. En su segundo, tuvo el gesto torero de brindar la faena a Emilio de Justo mientras la banda de la Mesa de los Indios entonaba el «Cumpleaños Feliz». Ante la irregularidad del de Campolargo, Suárez impuso su sello de corte clásico y pureza, cobrando una oreja tras una estocada en todo lo alto.
Ficha del Festejo
Ganadería: Encierro desigual de Campolargo: toros bien presentados, de desigual comportamiento
Rancho Grande / El Prado (novillos). El 3º fue devuelto tras saltar al callejón.
Emilio de Justo: Azul Rey y oro Silencio y dos orejas.
Antonio Suárez: luto y cabos blancos Palmas y oreja.
Olga Casado: Grana y oro Oreja y oreja.