
Táchira en la penumbra: Entre la desidia, la corrupción y un sistema eléctrico en ruinas
Lo que alguna vez fue el orgullo energético del occidente venezolano, hoy es el epicentro de una crisis humanitaria y económica sin precedentes. El estado Táchira atraviesa uno de sus momentos más oscuros —literalmente—, con municipios que reportan cortes de más de 12 horas diarias y sectores que, en un abandono total, suman días e incluso semanas en tinieblas.
El drama de los sectores olvidados
El caso de La Popita, en Pueblo Nuevo (San Cristóbal), es apenas la punta del iceberg. Resulta inaudito que en pleno corazón de la capital del estado, una comunidad pueda pasar más de una semana sin servicio eléctrico, mientras las autoridades competentes guardan un silencio cómplice o se limitan a dar respuestas burocráticas que no solucionan la urgencia de los vecinos.
Este escenario se repite a lo largo y ancho de la geografía tachirense. No se trata solo de la incomodidad de la oscuridad; es la pérdida de alimentos, el colapso de la conectividad y el desgaste emocional de una población que ya no encuentra descanso.
De exportadores a la miseria energética
La ironía es dolorosa. El Táchira alberga el Complejo Hidroeléctrico Uribante-Caparo (Embalse La Honda), una obra de ingeniería que en su apogeo no solo tenía la capacidad de iluminar a los estados Mérida y Táchira, sino que incluso generaba excedentes para vender electricidad a la vecina Colombia.
Hoy, ese gigante está herido. Lo que antes era símbolo de progreso, ahora es el recordatorio de lo que sucede cuando la corrupción y la falta de mantenimiento preventivo se imponen sobre la gestión técnica. La infraestructura ha sido devorada por la desidia administrativa, dejando las turbinas en silencio y a la población a merced de un sistema interconectado nacional que siempre corta por el hilo más delgado: el interior del país.
Un estado paralizado
El impacto es transversal y devastador:
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Comercios: Pequeños y medianos empresarios luchan por no bajar la santamaría, viendo cómo sus equipos se dañan y sus ventas caen.
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Salud: Clínicas y hospitales operan bajo una tensión constante, donde el fallo de una planta eléctrica puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
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Vida cotidiana: La falta de electricidad paraliza el bombeo de agua, las transacciones bancarias y la educación de nuestros jóvenes.


